Fue rey de España, Nápoles, Sicilia, Portugal, los Algarves. Fue asimismo rey de Inglaterra, por su matrimonio con María I de Inglaterra.
Felipe II modernizó y reforzó la administración de la Monarquía Hispana, apartándola de las tradiciones medievales y de las aspiraciones de dominio universal que había representado la Monarquía Católica de su padre. Los órganos de justicia y de gobierno sufrieron notables reformas, al tiempo que la corte se hacía sedentaria (capitalidad de Madrid, 1560). Desarrolló una burocracia centralizada, sobre la cual ejercía una supervisión directa y personal de los asuntos.
Su reinado se caracterizó por la exploración global y la expansión territorial a través del Océano Atlántico y del Océano Pacífico, llevando a la Monarquía Hispánica a ser la primera potencia de Europa y alcanzando el Imperio español su apogeo, convirtiéndolo en el primer imperio mundial ya que, por primera vez en la historia, un imperio tenía territorios en todos los continentes del planeta tierra.
Rey de Castilla y de León desde 1284 hasta 1295
El hijo primogénito de Alfonso X y heredero al trono, don Fernando de la Cerda, murió cuando se dirigía a hacer frente a una invasión norteafricana en Andalucía (1275). En caso de muerte del primogénito en la sucesión a la Corona, los derechos debían recaer en el segundogénito, Sancho; sin embargo, en el código de Las Siete Partidas establecía que la sucesión debía corresponder a los hijos de Fernando de la Cerda.
Casado con María de Molina (1285), para asegurar el reino a sus descendientes pactó con Pedro III el Grande de Aragón y con Felipe III el Atrevido de Francia; el primero cumplió el acuerdo al apresar a los infantes de la Cerda, con la promesa de que Sancho IV ayudaría en caso de que Aragón fuese invadida por los franceses. La muerte de Felipe el Atrevido y de Pedro el Grande cambió la situación internacional (1285). El nuevo rey de Aragón Jaime II reconoció como rey de Castilla a Alfonso de la Cerda (1288), por lo que Sancho procuró establecer un pacto de no agresión con Felipe IV el Hermoso de Francia. La derrota que el ejército aragonés infligió al castellano en Pajarón (1290), puso fin a las hostilidades entre ambos reinos, que se unieron en la expedición contra Tarifa (1292). Jaime II de Aragón casó con Isabel de Castilla, primogénita de Sancho IV, en busca de mejores relaciones entre ambos, pero la política ambigua del rey castellano provocó nuevos enfrentamientos.
Sesmero
Álvaro se casó en 1429 con Leonor Manrique de Lara y Castilla. Viudo se casó en 1458 con dispensa por bula del papa Pío II y provisión real de Enrique IV de Castilla con su sobrina, Leonor Pimentel y Zúñiga.
En su niñez fue doncel del rey Juan II de Castilla y León y en su juventud colaborador de su padre en la lucha contra Álvaro de Luna, condestable de Castilla y valido del rey Juan II.
A la muerte de su padre en 1453 toma posesión de Plasencia y viene a ser II conde de Plasencia, hereda los señoríos de Zúñiga y Mendavía en Navarra, Béjar y Bañares en Castilla, asume a ser el jefe de la liga de la nobleza, además hereda el oficio de justicia mayor y alguacil mayor de Castilla.
El rey Enrique IV decide en 1455 continuar con la guerra de Granada y de este modo sosegar a la nobleza castellana en su inquieta belicosidad. Álvaro de Zúñiga, conde de Plasencia, acude con su hueste de Plasencia.
Las relaciones de Álvaro de Zúñiga, con el rey Enrique IV y con el valido Juan Pacheco, marqués de Villena, fueron firmes y cordiales. Álvaro deseaba casarse a la muerte de su primera esposa, Leonor Manrique de Lara y Castilla, con su ahijada y sobrina Leonor Pimentel y Zúñiga, moza de linda presencia, pese a la gran diferencia de edad, él de 49 y ella de 16 años, y próxima consanguinidad. El papa Calixto III negó la dispensa necesaria, pero su sucesor, Pio II, concedió la dispensa y el rey Enrique IV autorizó el matrimonio.
Procurador de Plasencia
Diplomático y político español de origen italiano.
De origen humilde era asentador de víveres del ejército cuando el rey Carlos VII (el futuro Carlos III de España) le confió la administración de las aduanas de Nápoles (1748). Su eficacia en la gestión y su cercanía al reformismo ilustrado del monarca le hicieron ascender a puestos de mayor responsabilidad, siendo nombrado secretario de Hacienda, Guerra y Marina.
Acumuló un gran poder, lo cual, unido a su condición de extranjero y a las reformas que realizó, le granjeó muchos enemigos
Durante su estancia en el poder (1759-66) creó la lotería y el montepío de viudas y huérfanos de militares; dictó las ordenanzas para el reemplazo militar; reguló el despacho con Roma; reorganizó los propios y arbitrios de los pueblos; modernizó la capital con un sistema de alumbrado nocturno de las calles, además de edificar la Casa de Postas y la Aduana (sedes actuales de la Comunidad de Madrid y del Ministerio de Hacienda); limitó los privilegios del clero, exigiendo a la Iglesia el cumplimiento del Concordato y reduciendo su jurisdicción en beneficio del poder real.
Con el fin de acabar con la impunidad de los criminales nocturnos en las ciudades, dictó un bando en 1766 que prohibía los tradicionales sombreros redondos y capas largas que usaban los embozados; aquel «atentado» a las costumbres españolas por parte de un extranjero fue el detonante de una insurrección popular contra el ministro conocida como el motín de Esquilache, que estalló simultáneamente en las principales ciudades del reino; en Madrid fue saqueada la propia casa de Esquilache.
Parece que detrás del motín se hallaba la Compañía de Jesús, enemiga del regalismo monárquico y de las avanzadas reformas protagonizadas por el ministro, que organizó la conspiración sirviéndose del descontento popular ante la sucesión de malas cosechas, escasez y carestías desde 1762. De resultas del motín, el rey depuso a Esquilache de todos sus cargos y le envió a Italia, no sin antes compensarle con la concesión de rentas y honores; en 1767 la pugna entre el regalismo del monarca ilustrado y el tradicionalismo auspiciado por la Iglesia tendría un nuevo capítulo con la expulsión de los jesuitas de España. En 1772 Esquilache fue nombrado embajador de España en Venecia.
Recaudador de la moneda forera
Mujer de García González de Herrera, Mariscal de Castilla, e hija de Fernando Pérez de Monroy.
Escribano.
Escribano.